DESDE LA DINASTÍA HAN, PASANDO POR MARCO POLO, HASTA XI JINPING Y EL PRESIDENTE DE COLOMBIA, GUSTAVO PETRO
Muchos siglos explorando caminos, atajando guerras y bloqueos, como ahora. Si Colombia se vincula, le hace esquince al Canal de Panamá, conectando por tren el Pacífico con el Caribe. El interés es abrirse a nuevos mercados mundiales ante el trato comercial desigual que impone Estados Unidos. Hoy, Foro China-CELAC.
Por Carlos Ramos Maldonado
La era Trump II, con su nacionalismo expansionista devanando inspiraciones retrógradas aferradas en la Divina Providencia, en las Doctrinas Monroe/Truman y en el Plan Marshall, ha revuelto al mundo con la competencia arancelaria y los sueños perdidos dominantes en sus países vecinos, incluida Groenlandia, de Dinamarca, que, más allá de la nostalgia de la Guerra Fría, involucra a la ahora denominada Guerra Helada y, por otra parte, la cuestión de la franja del Paralelo Ecuatorial (donde, privilegiadamente está ubicada Colombia), pues se considera que allí está depositada de la mayor riqueza natural de la tierra.
Pero también ha despertado un dragón dormido por más de 22 siglos, afectando el Nuevo Orden Mundial.
En la mitología china, el dragón es una criatura heroica, existente desde la Creación, que representa el poder, la defensa y la fortuna, con capacidad para controlar el agua, el clima y la fertilidad, constituyéndose en símbolo de la cultura nacional y poseedor de la virtud tejedora para transformar la seda en un producto mágico estandarte de la riqueza y la prosperidad del subcontinente.
Por la abundancia natural del gusano de seda en China, la sericultura es una actividad ancestral que se convirtió desde los principios de la sociedad oriental en materia textil cuyo comercio es de lo más apreciado del mundo debido a su suavidad, brillo y resistencia.
Se cuenta que una de las razones de la construcción de la Gran Muralla China -de más de 21 mil kilómetros de longitud- (que se hizo a partir de fortificaciones discontinuas), además de proteger militarmente a la nación de las invasiones nómadas del norte, especialmente de las tribus de Mongolia, pero también de pueblos más occidentales que seguían los caminos de los camellos y los caballos salvajes, fue la de controlar el negocio informal de seda desde el siglo VIII a.C., estableciéndose puestos de control que facilitaban el comercio, el recaudo de impuestos y el registro de personas que traficaban este precioso y codiciado textil.
Pero fue en la Dinastía Han, la segunda del imperio Chino, en el siglo I a.C., quién inició la Edad Dorada de la Seda dando gran prosperidad tecnológica, económica y cultural a la nación, estableciendo oficialmente la red de rutas comerciales que transitaron hacia occidente traficando el oro textil, además, especias, té, perfumes, porcelana, jade, bronce, papel, arroz y pólvora, entre otros productos, a cambio de cristales y tela rancia, pero principalmente caballos.
La presencia del conquistador macedonio Alejandro Magno en el Asia Central permitió fortalecer nuevas rutas y el intercambio con el Suroriente (hasta donde no llegó victorioso por el agotamiento de sus tropas), convirtiendo a Babilonia, no solo en la capital de su imperio, sino en la metrópoli de las relaciones entre los dos mundos, que conectaba a los mercaderes del Himalaya, pero también la Ruta Real Persa, el comercio mediterráneo de los fenicios y la navegación por el mar arábigo.
Marco Polo (“El libro de las maravillas”) y la plata de Potosí
En 1271, Marco Polo (comerciante veneciano), junto con su padre Niccolò y su tío Maffeo, emprendió un viaje a China para visitar a Kublai Khan, emperador mongol de China. Su viaje duró varios años y los Polo permanecieron en Oriente durante 17 años, sirviendo a Kublai Khan como diplomáticos y explorando el imperio.
Tras su regreso a Venecia, Marco Polo fue preso en la guerra contra Génova y, mientras estaba en la cárcel, dictó a un escritor las historias de sus viajes por Asia, que fueron recopiladas en el "Libro de las maravillas". Este compendio, aunque con algunas exageraciones, describió a la perfección las costumbres, las tecnologías y las maravillas de Oriente, despertando la curiosidad e interés de los europeos.
Posteriormente, con el establecimiento de la Lonja de la Seda en Valencia (España) y el descubrimiento de América por parte de los europeos (instaurándose en Sevilla una Casa de Contratación comercial) la conexión de la Ruta de la Seda, podría decirse, se extendió hacia el nuevo continente, pues la plata que se explotaba en el Cerro de Potosí, Bolivia (la mina más grande del mundo durante la época colonial), se convirtió en el producto de intercambio más importante de occidente con los chinos.
Decaimiento de la Ruta de la Seda y surgimiento del socialismo con características chinas
Sin embargo, debido a la caída del Imperio Mongol y al surgimiento del Imperio Otomano en el siglo XV (que desconectó, en parte, las rutas de Europa hacia el Este), a la conexión marítima lusitana hacia Asia y al largo período de crisis y conflictos internos de China, Indochina y la India (por problemas fronterizos, rebeliones locales y crecimiento poblacional) se generó un fuerte declive en el comercio internacional, provocando una fuerte pobreza interna en la región, ahondado todo, además, por los apremios y la postración de la dinastía Qing, por la expansión imperialista occidental y por la guerra del opio.
Pero, después de la Revolución Cultural, China se recuperó gracias a las reformas económicas y la nueva apertura al mundo (contrario a Mao Zedong, que había efectuado unas fuertes políticas dintornales), implementadas bajo el liderazgo de Deng Xiaoping. Estas reformas, que comenzaron en 1978 (cuya génesis fue la agricultura a gran escala, seguida por la descentralización pública y liberalización del sector privado, aunque intervenido, por la modernización de la industria y la apertura al comercio exterior), condujeron a un crecimiento económico notable, transformando a China de un país muy empobrecido a una potencia económica.
La Nueva Ruta de la Seda: «negociar, construir y compartir juntos»
En el año 2013 el nuevo presidente de la República Popular China, Xi Jinping, propuso la cooperación internacional como pieza fundamental de su política exterior para fortalecer el libre comercio entre naciones, respetando las autonomías y fortaleciendo la infraestructura global, basado en la recuperación y extensión de la antigua Ruta de la Seda, también conocida ahora como Iniciativa del Cinturón de Rutas (BRI), cuyo lema es «negociar, construir y compartir juntos», con el fin de crear un orden basado en la prosperidad y la estabilidad para todos los intervinientes. El proyecto se denominó en un comienzo Iniciativa Franja –para tráfico terrestre: carreteras y ferrocarriles- y Ruta –para vías marítimas y aéreas: puertos y aeropuertos- (IFR), todo con el objetivo de acercar los centros de producción con los mercados del mundo y un consumo más justo y digno.
Esta estrategia se ha considerado por los países hegemónicos de occidente como el Plan Marshall Chino, pero orientado principalmente a los países emergentes de la relación Sur-Sur y de conexión aún más fácil por la Franja Ecuatorial.
En acuerdo conjunto, China realizaría grandes inversiones en proyectos de infraestructura y desarrollo ambiental sostenible en diversos países, lo que facilitaría el comercio y la conectividad, y, de paso, progreso económico y humano.
Esto, claro, la pone en competencia con Estados Unidos, principalmente, porque Rusia se considera un gran aliado para China, mientras la potencia americana cuenta en parte con la Unión Europea. Aunque algunos gobiernos occidentales han acusado a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de ser neocolonial, alegando que la aceptación de créditos chinos para la construcción de infraestructuras es una trampa que generarán deudas futuras.
La guerra arancelaria Chino-USA
Aunque ambos países se pelaron los dientes cuando el presidente estadounidense quiso imponer un régimen arancelario proteccionista que afectaba el comercio mundial, inflando caprichosamente los impuestos de compra externa, ahora pactaron un mecanismo moderado de tregua y consulta para llegar a acuerdos que permitan reducción mutua de tributos y la tranquilidad en los negocios binacionales.
Un experto criollo en geopolítica, docente investigador universitario, redujo a una frase coloquial cuando se le consultó al respecto: “Eso se veía venir: puros peos de cucarachas”, porque ambos se necesitan, son mutuamente dependientes; aunque las prevenciones quedan y las amenazas impositivas de Estados Unidos contra los países que considera su “patio trasero” continúan para que estos no se acerquen a China.
Colombia, libre entre cadenas
Históricamente Colombia, Estado soberano y, se supone, autodeterminado, tiene una deuda externa que a febrero del 2025 supera los 200 mil millones de dólares (una de las más altas del mundo), según el Banco de la República, es decir, el 48% del PIB nacional, la mayoría de ella de compromisos públicos viejos y del sector privado, trances en los que interviene directa o circunstancialmente el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, siendo Estados Unidos el mayor accionista de estas entidades multilaterales.
Eso, por un lado. Por el otro, nuestro Estado tiene firmado un acuerdo de TLC con Estados Unidos (que, preciso, mañana cumple 13 años de vigencia, con más resultados negativos que positivos), que encadena cualquier relación comercial con otros países que afecte dicho convenio, o que reduzca la sociedad y capacidad entre negociantes en perjuicio gringo. Así, entonces, se discute de manera desigual la cuestión arancelaria y la caracterización de cada producto en el mercado, notándose que el país del norte abusivamente coloca condiciones extras que parecieran más una relación amo/súbdito.
Todo esto ha despertado la inquietud y, por tanto, la gestión del gobierno progresista del presidente Gustavo Petro para revisar los compromisos existentes y las condiciones preventivas de nuevas aperturas en las relaciones internacionales del país, más favorables.
Por supuesto, las pretensiones arancelarias y las agresiones verbales del vecino norteño advirtiendo “tate quieto” sobre cualquier reacción nacional, ha orientado a nuestro Gobierno a mirar para otro lado como alternativa futura en caso de cualquier bloqueo sancionatorio, y “el ojo del cóndor se ha fijado en el dragón”.
En estos avances es que comenzó a desarrollarse desde hoy, en la ciudad de Beijing, la IV Reunión Ministerial del Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) para fortalecer el diálogo multilateral entre América Latina y las grandes potencias económicas del mundo, donde nuestra región juega un papel geoestratégico clave como puente entre Asia, Europa y América del Norte.
Allí, por supuesto, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, insistirá en la integración regional y acuerdos mancomunados con las potencias mundiales, en una apuesta común por la paz, la investigación e innovación tecnológica y la sustitución de los combustibles fósiles, inspirados en el sueño bolivariano. Según este supuesto, el área del Caribe podría ser un gran proveedor de energías limpias para descarbonizar al mundo: “No hay otra opción para salvar la vida del planeta”, dijo el Presidente a su llegada a China.
En Beijing están hoy, junto con unos veinte cancilleres, los mandatarios Luis Ignacio Lula, de Brasil; Gabriel Boric, de Chile, y Gustavo Petro de Colombia, que además asiste en su calidad de presidente pro-témpore de la CELAC. Allí, nuestro mandatario ha confirmado que mañana miércoles firmará la adhesión del país a la Ruta de la Seda, lo que afianzará los lazos comerciales con la potencia asiática, especialmente en el comercio de bienes y servicios, pero también en infraestructura portuaria, aérea y ferroviaria.
Este Foro, sin discusión, ha desafiado la hegemonía geopolítica de Estados Unidos en la Región, y una de las tensiones a observar es la pretensión de la potencia americana de retomar el control del Canal de Panamá y limitar el tránsito chino por esa vía, lo que provocaría alternativas de rutas, entre ellas la conexión Pacífico-Caribe en territorio colombiano, que es un sueño incluido en el Plan de Gobierno del presidente Petro.
Al proyecto global chino se han adherido hasta ahora 140 países (de 194 inscritos en la ONU), entre ellos 21 latinoamericanos, y 30 organizaciones internacionales. Sobre el tema, el Presidente reafirmó: “Tanto América Latina como Colombia somos libres, soberanos, independientes, y las relaciones que establecemos con cualquier pueblo del mundo deben darse en condiciones de libertad e igualdad”.
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