SEGÚN EL CALENDARIO MAYA, MOMENTO PROPICIO PARA LA CELEBRACIÓN DE UNA CULTURA DE AMOR Y PAZ
“Nini”: ni es año viejo, ni es año nuevo. Día de pausa y reflexión, al estilo yoga. La tradición maya está vigente en muchas regiones de Centroamérica continental. Cómo son los cambios de año en otras culturas, que no siguen el calendario gregoriano. Hoy, "Cabildo, Arte y Paz" como alborada litúrgica ecuménica para el "Circulo de armonización cósmica" en la Plaza de la Paz de Barranquilla, desde las cinco de la madrugada, inicio de luna naciente.
Si los invasores europeos no hubiesen devastado las religiones y culturas ancestrales americanas, el mundo, de seguro, fuera diferente: más humanista, menos utilitarista.
Pero con el irrespetuoso afán de saqueo y riqueza material, más la imposición inquisidora de sus ideologías y costumbres, desaparecieron o marginaron la pureza de la conexión universal de las tribus primigenias, que les pudo haber dado tanta espiritualidad más allá del placer de la acumulación avarienta de lo que no se necesita para ser feliz, naturalmente.
Incluso, las sociedades herederas de los intereses eurocentristas, criollas o yanquis, continuaron la devastación del Sur, extendido a lo global, manipulando la historia, el conocimiento y las creencias, convirtiéndolo en “tierra del olvido”.
Aunque ningún mal dura mil años ni pueblo que lo resista, y si se sacan las cuentas, la civilización imperial occidental moderna apenas pasa el medio milenio, pero de lo que han destruido a su paso aún quedan cenizas como fantasmas cual Ave Fénix para proteger la madre Tierra, real potencia mundial de vida, y asumir el tiempo perdido, pudiendo ser regresivo, ya que hasta nos cercenaron el pasado.
El tiempo y los calendarios
Repasando la historia, desde los inicios de las organizaciones sociales, la humanidad ha tenido en sus diferentes civilizaciones in situ apreciaciones y conceptos casi precisos sobre las mediciones del tiempo y del espacio, por lo que ambos son artificios humanos, tal vez consuetudinarios, sin incluir metáforas impuestas como verdad, incluso, mediante castigo, para desvirtuar realidades universales.
Sin embargo, las creencias originales del mundo en el Oriente Medio, el mediterráneo y hasta en la Escandinavia se inclinaban por un “disco plano flotando sobre el océano primigenio, con una bóveda superior celeste”, que circulaba en un tiempo cíclico no lineal; mientras que en las culturas del lejano oriente y amerindias la cosmología se concebía como una estructura ovoide, también con ciclos, pero estacionarios, y el huevo cósmico era una representación del origen del universo que establecía un complejo tejido entre deidades y fenómenos naturales.
Por supuesto, en todas las culturas se crearon mediciones entre los “movimientos” de la Tierra en su relación con los del Sol y de la Luna, de tal manera que surgieron las ideas de la esfericidad y circularidad de los planetas, los efectos de correspondencia y los cálculos cosmológicos en cuanto a tiempo y espacio, y de ahí los calendarios y, posteriormente, el almanaque para establecer fechas y pronosticar fenómenos meteorológicos.
Se crearon calendarios lunisolares, que miden el tiempo combinando los ciclos lunares (meses) con el ciclo solar (año), como el chino, el hebreo, el budista, el hindú y el judío. El chino, por ejemplo, está basado en ciclos de doce años y cada uno (que comienza entre el 21 de enero y el 21 de febrero, aunque los meses no se cuentan) se relaciona con un animal del zodíaco. Este año 2025 se identifica con la serpiente.
El calendario solar, por su parte, se basa en la órbita de la tierra alrededor del sol, y se utiliza para seguir las estaciones de forma lineal, secuencial y progresiva, o sea, cronológica, con planificación diaria, semanal, mensual y anual. El calendario gregoriano (proveniente del juliano, pero se cuenta a partir del nacimiento de Jesucristo), que rige en Occidente, es el más común de la cosmología solar. Y el calendario Etíope, que también proviene del juliano y es utilizado por las iglesias ortodoxas coptas, es solar de 13 meses, con 12 meses de 30 días cada uno y un mes adicional llamado Pagumē de 5 o 6 días, dependiendo si es año bisiesto.
Y el calendario lunar, se basa en los ciclos de la fase de la luna, con visiones holísticas del tiempo interconectado con la naturaleza, generando un equilibrio físico y espiritual medido solo en el espacio, como el islámico y el de los pueblos amerindios, entre estos, el maya.
Solo en el maya sobra un día y no se cuenta
Para entender, se comienza por reconocer y respetar el conocimiento, la experiencia y la sabiduría de los pueblos, cuando se construyen de manera colectiva y se socializan para su ejercicio práctico positivo. Así que la sabiduría y su praxis es definida, calificada y seguida, en principio, por la razón social endógena (que tiene sus propios principios, creencias, filosofía y contexto) y solo mediante voluntades compartidas se pueden aceptar e intervenir, y hasta reemplazar, modos ajenos.
Fue lo que no ocurrió con la civilización maya, pues con la llegada de los españoles se aceleró el declive y la deformación de una cultura que provenía desde antes de la era occidental (con gran apogeo entre los siglos VI y IX d.C.) y que estaba sufriendo los embates de la superpoblación, de guerras perdidas, de aislamientos voluntarios y de los fenómenos naturales, pero que ya había construido infraestructuras urbanas y rurales similares a las aztecas, chibchas e incas, y unas ideologías políticas, religiosas y sociales (entre ellas las cosmogónicas y cosmológicas, consignadas en su libro sagrado Popol Vuh –“el texto pintado de la casa común que ya no se ve más”-) dignas de revisiones permanentes y, por qué no, de asunciones para resolver situaciones degradantes actuales, provocadas por los antivalores de las ambiciones y de los abusos del poder.
Los mayas, como se dijo, crearon un anuario lunar resultante de una Rueda Calendárica o combinación de dos calendarios: el lunar Tzolk´in, para eventos sagrados y agrarios, de 260 días (13 meses de 20 días), y el solar Haab´, (18 meses de 20 días con 5 adicionales, de conocimientos cosmológicos ancestrales), cuya resultante más puntual daría 13 meses de 28 días, exactamente el tiempo que dura la tierra en darle un giro completo al Sol, o sea, 364 días, faltando uno que terminaron no contando para culminar o comenzar el año, que corresponde al tránsito entre luna nueva y comienzo de luna creciente mesoamericana (la diosa Ixchel, con poderes sobre la creación y la fecundidad, cuando la tierra entra en sintonía con las frecuencias del universo y comienza la revolución solar de la Tierra por la sincronización del astro rey con la estrella Sirio), 25 de julio en el calendario gregoriano, aunque los años no se contaban.
Este día “fuera del tiempo” o una pausa en el tiempo lineal, aun festivo en los ritos ocultos de la cultura maya existente y resistente para salir de la rutina cotidiana, se invita a meditar (pareciera estilo yoga, por la introspección cuerpo-mente) y preparar el alma para el nuevo ciclo que comienza, utilizando el arte, la creatividad y la conexión con la naturaleza y el universo. Llamado también Día del Perdón Universal o Día de la Liberación Galáctica, se considera un momento propicio para la celebración de la cultura de amor y paz, la reconciliación, la sanación y la armonización con la Madre Tierra.
Huellas de estos fenómenos sociales autóctonos que preservan con mucho sacrificio la ancestralidad y deseo del buen vivir espiritual se encuentran en pequeños guetos Maya K´iche de Totonicapán (Guatemala), y también en regiones de Campeche (México), de Belice, de Honduras y El Salvador.
Ahora, a pesar de las luchas por el reconocimiento histórico y la identidad de los pueblos que preservan sus culturas y creencias atávicas, los derechos indígenas siguen rezagados en todo el Continente, incluido su exterminio, y es del conocimiento insensible internacional el abandono, la discriminación y el despojo a que han estado sometidas las poblaciones que insisten en preservar su pasado, no solo en Centroamérica, sino en otras regiones como Colombia, por ejemplo, donde los indígenas de La Guajira, de la Sierra Nevada de Santa Marta, de Cauca, Nariño, Córdoba y de la Amazonía son expulsados de sus tierras e inclusive expropiadas sus sabidurías para que invasores “criollos” aumenten su riqueza.
Pero, como decía el premio Nobel Gabriel García Márquez, “Frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la Vida”, añadida la autodeterminación y la lucha para reconstruir una epopeya universal justa, “donde nadie pueda decidir por otros, hasta la forma de morir”.
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